Vivir y pintar, Miguel Ángel Quindós
Para Miguel Ángel Quindós (Palencia, 1943), la pintura fue siempre una manera de vivir y de situarse en el mundo. La selección de obras reunidas en esta actividad artística corresponde a trabajos realizados a lo largo de la primera década del siglo XXI y permite acercarse a un lenguaje pictórico profundamente personal y coherente.
Su pintura revela un universo cargado de poesía y fantasía, pero también de verdad. En las obras se aprecia una tensión constante entre la oscuridad y la luz, entendida no solo como recurso plástico, sino como metáfora vital. La luz aparece abriéndose paso en medio de lo sombrío, a veces como una esperanza contenida tras una puerta entreabierta, otras como una ventana que sugiere un camino posible, una alternativa frente a un destino aparentemente cerrado.
Las composiciones de Quindós muestran con frecuencia esos límites difusos entre el resplandor y la penumbra, entre una realidad secreta y densa y otra más clara y luminosa que emerge de forma parcial, en los márgenes del lienzo o como una visión distorsionada, casi filtrada a través de un cristal. En ellas se percibe una búsqueda persistente de equilibrio entre lo incierto y los destellos de certidumbre.
Este conjunto de elementos configura una obra brillante y original, que remite a la idea expresada por Goethe en Fausto: “Pero reconocerás que un hombre bueno, incluso extraviado en la oscuridad, es consciente del buen camino”. Esos caminos de lucidez, abiertos en medio de la noche, son los que la pintura de Miguel Ángel Quindós sigue señalando.